El modo en que te sientas refleja tu forma de conducir

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¿Es posible conocer nuestra forma de conducir en función del modo en que nos sentamos al volante? Así lo afirma Tom Vanderbilt en su libro ‘Traffic: Why We Drive The Way We Do and What It Says About Us’, donde establece hasta diez personalidades sobre ruedas atendiendo a una serie de patrones, como la posición de las manos, la postura en el asiento y otros aspectos, capaces de revelar qué automovilista llevamos dentro. ¿Eres un perfeccionista, un aventurero o un pacificador? No te pierdas las interesantes conclusiones de este informe.

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“Los sentimientos, los gestos y hasta la actitud de un conductor al volante”, señala el periodista y bloguero Tom Vanderbilt, “pueden dar pistas sobre la personalidad”. Una afirmación que, lejos de caer en saco roto, puso en práctica en el año 2008 en su ‘Traffic: Why We Drive The Way We Do and What It Says About Us’ (Tráfico: ¿por qué conducimos del modo en que lo hacemos y qué dice de nosotros?).

Diez patrones, diez conductores

En primer lugar, tenemos al Perfeccionista, un amante de los detalles que aferra el volante con ambas manos y se ajusta rigurosamente a las normas de tráfico. Un auténtico héroe de la carretera al que todos deberíamos aspirar. Le sigue el conductor ‘Cool’, capaz de manejar medio recostado y prescindiendo de una de sus manos. Es la indiferencia personalizada. En tercer lugar, encontramos al Minimalista, que no sólo conduce con una mano sino que además sostiene el volante por la parte inferior, dado detesta la complejidad y busca la sencillez en todos los aspectos de su vida.

Al piloto Aventurero, por su parte, tampoco le parece práctico eso de conducir con ambas manos y opta por empuñar el interior del volante. No desaprovecha ninguna oportunidad y rara vez medita sus acciones dos veces, por lo puede ser un compañero de viaje algo difícil. En el ecuador de la lista reconocemos al Jefe. Este ejemplo de liderazgo aferra el volante con ambas manos pero por el interior, y le gusta tomar las riendas en cualquier empresa. Sin embargo, está lejos de ser tan buen samaritano como el Pacificador, que apoya las manos en la parte media del volante y no es amigo de problemas. Al contrario, está siempre dispuesto a mediar en las disputas y suele identificarse con la máxima de ‘vive y deja vivir. El Partidario, en séptimo lugar, también tiene sus cosas buenas: empuña el volante por la parte inferior, con los puños hacia dentro, y suele representar al perfecto consejero. Suele indicar el camino a seguir y se alegra sinceramente por quienes alcanzan sus metas.

Ya en la recta final, se hace inevitable la reconocible figura del Payaso, que apuesta por tomarse las cosas con humor y es enemigo declarado de la disciplina y la norma establecida. Por supuesto, conduce sin manos, sirviéndose de las rodillas con asombrosa agilidad. Este alarde no puede permitírselo el Inseguro. Aunque es buena persona, se inclina demasiado sobre el volante y apoya los antebrazos, ciñendo mucho los puños y denotando ansiedad. En último lugar descubrimos al piloto Excavadora, llamado así por aferrar el volante con una mano y descansar la otra sobre el interior del mismo. Las prisas forman parte de su día, ataja los problemas sin contemplaciones y no vacilaría en increpar a otros con el claxon.

Pese a la frescura y ambición de la propuesta de Vanderbilt, no existen argumentos concluyentes que avalen su veracidad, ni tampoco una base científica que le aporte solidez. No obstante, estamos ante una tentativa prometedora de aplicar la psicología conductual a la automoción que podría dar sus frutos en el futuro, aunque ahora no pase de la anécdota. Por sorprendente que parezca, esta peculiar clasificación ha tenido una gran acogida entre el público especialista, llegando a recibir críticas muy positivas del New York Times o The Washington Post.

Si bien las conclusiones de Vanderbilt son fascinantes, resulta difícil de creer que la complejidad de nuestro carácter pueda reducirse a una postura cotidiana al volante, más aún cuando puede estar influenciada por factores ajenos a nuestra aptitud al volante. No escasean, desde luego, estudios similares: como el de compañía Arval, que establecía la personalidad del conductor en función del color de su coche, o el de Goodyear y London School of Economics, que se aventuró a clasificar siete tipos de automovilistas de acuerdo a su comportamiento en cabina. ¿Y tú, qué opinas de los resultados de este informe?, ¿te reconoces en alguno de estos patrones de conducción? ¡Compártelo con nosotros!

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